No estoy seguro si lo que acabo de terminar se puede calificar como juego. No estoy seguro de si siquiera lo he terminado o todavía me han quedado cabos sueltos que atar. No estoy seguro de si esa isla ha sido virtual, real o todo ha sido un sueño extremadamente real. No sé nada de nada. Solo sé que he vivido la belleza.

Porque, y lo vuelvo a decir completamente en serio, no sé que acabo de terminar. No se si es un videojuego o tal vez debería llamarlo “cuento interactivo”, o tal vez “experiencia artística” o “novela virtual”. Jugar a Dear Esther es muy diferente a cualquier cosa que haya jugado hasta ahora.

En primer lugar, no hay modo de interactuar con el mundo. No puedes abrir ninguna puerta, coger ningún objeto, golpear una pared, saltar o trepar. Tu movimiento se reduce a un andar lento y pausado con unos pocos momentos de nado, además de un zoom que realizar pulsando el botón izquierdo del ratón. Ya está, no hay nada más salvo una linterna que se enciende automáticamente en lugares oscuros.

Y no me estoy quedando con vosotros, esto es todo lo que puedes hacer en el juego. No hay que resolver ningún puzle utilizando tu ingenio, no hay ningún enemigo que abatir, ninguna prueba que superar. Tan solo un misterio que desenmarañar. Y eso no lo hará tu personaje, lo tendrás que hacer tú solo, intentando unir los fragmentos inconexos de historia que tu avatar irá contando según avances en el juego.

Dear Esther Analisis 1

Pero no solo encontrarás partes de la historia en los balbuceos de tu personaje, casi sumido en la locura. A lo largo de la hora y media que dura el juego te encontrarás mensajes en las paredes, notas tiradas por el suelo, señales de vida, sombras en la lejanía. Datos, muchos datos que tú deberás unir en tu cabeza para componer el gran puzle que es este juego. Un puzle que no serás capaz de resolver hasta el mismísimo final. Y eso si lo consigues resolver a la primera, porque dos vueltas serán necesarias para lograr captar todos los matices de este título.

Y todo esto lo verás/vivirás en un juego que es lo más bello que he tenido la suerte de probar en la vida. Más bello que la vida misma. De la hora y media que he pasado delante del monitor jugando a Dear Esther, más de la mitad del tiempo lo he pasado con la boca abierta, maravillándome con los paisajes. Para que luego digan que el motor Source (el de Half Life 2 o Left4Dead) está anticuado.

Me gustaría hablar más sobre los gráficos de este juego, sobre lo bello que es pasear por la isla, recorrer sus grutas, observar el horizonte, casi sentir el viento en la cara… pero no puedo, me quedo sin palabras. No puedo comentar este apartado como comentaría el de The Witcher 2 o Battlefield 3, porque está a otro nivel. No se puede comparar con nada que haya salido al mercado jamás, porque nada de lo que ha salido puede igualar su belleza.

En definitiva, cuando finalizas Dear Esther es como cuando terminas una gran novela: te quedas mirando al techo, reflexionando sobre lo que has leído, paladeando los recuerdos. Es saber que acabas de vivir una experiencia increíble y que sabes que no volverás a vivir. Aunque vuelvas a jugarlo, no será lo mismo, se habrá perdido algo de magia en el camino. Ah, y una última cosa, recordad que hay una traducción semi-oficial del juego, por si hay algún despistado.

La nota que le he dado es porque es absolutamente perfecto en todo lo que intenta conseguir. He estado bastante tiempo luchando interiormente por la nota que iba a ponerle, si esta o un No Evaluable, pero finalmente me he decidido por esta. Porque estamos ante un relato breve perfecto que se ha convertido en un cuento interactivo perfecto. Aunque tenga esta nota, no se puede comparar con cualquier otro videojuego y decir lo de “es mejor que”, porque Dear Esther juega en otra liga completamente diferente. No mejor o peor, sino diferente.

Ficha-Dear-Esther