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Existe un momento en la vida de todo fan de la trilogía Cornetto, en el que estás de fiesta con tus amigos, con un cubata en la mano, charlando y bailando tranquilamente; y entonces, empieza a sonar “Don’t Stop me now” de Queen. Ahí, dejas de pasar desapercibido. Al instante, te olvidas del cubata, señalas al techo – porque, en estas situaciones, la música siempre viene de arriba aunque tengas al DJ al lado – y gritas a tus colegas un largo y profundo… “¡EEEEEEEEH!”. Entonces, te dejas poseer por el personaje de Shaun: finges que todo lo que te rodea son zombis y tienes que golpearlos con un palo de billar al ritmo de la música. Si eres afortunado, te acompañarán en la coreografía un par de amigos a los que obligaste a ver la película. Pero lo más probable es que te quedes completamente solo en esta fantasía y, por mucho que sonrías, la gente que te está mirando, seguirá sin entender nada.

Crypt of the NecroDancer busca satisfacer ese sueño que tenemos muchos de protagonizar un combate lleno de epicidad acompañado con la música adecuada. Shaun no sería el mismo sin su momento “imparable”, como Cadence no sería la misma sin Danny Baranowsky. La protagonista de este juego tendrá que atravesar mazmorras al ritmo de la maravillosa banda sonora del compositor de The Binding of Isaac o Canabalt. Os aseguro que no ha perdido facultades, es más, estaréis enganchados a ese éxtasis sonoro incluso fuera de casa. Camina, golpea y cava con cada latido del corazón, que palpita al son de Baranowsky y contagia al del propio jugador.

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En Kickbeat ya se hizo un intento enfocado en las artes marciales, pero suprimieron el movimiento y se centraron en pulsar botones correctamente; un Guitar Hero adaptado a un dojo. NecroDancer, en cambio, hechiza el cuerpo al completo, un paso en falso puede ser letal. Si algo deja claro Ryan Clark, creador y programador, es su obsesión por la dificultad, tomando Spelunky como referente principal: “Es un juego realmente difícil, pero eres consciente de que puedes mejorar. Si mueres, sabes que fue por tu culpa”. Ryan guarda estos principios y los lleva hasta su juego. Esa obsesión por escuchar todas las canciones como es debido, el empeño de superación, es lo que te lleva a estar bailando toda la noche. Recomiendo paciencia y un metrónomo por dedos. Además, no hay fase igual. Ni te molestes en dibujar mapas ni memorizar nada. El viaje a los dungeons de principios de los 90 no va tan atrás. No deja de ser un roguelike con su generación de mazmorras aleatorias característica. Un factor que ya era preocupante para nuestra vida social en The Binding of Isaac. Aquí por ahora podemos respirar tranquilos, ya que está en alpha y no nos va a quitar tanto tiempo el completarlo. Aunque seguirá tirándonos la caña de vez en cuando con sus distintos modos y personajes.

Tras superar un breve tutorial, comienzas en la antecámara, donde se presentan las distintas zonas y salas. Mientras decides qué hacer, suena la sintonía de espera oportuna. El hilo musical va a variar dependiendo de la ambientación. Ahí yace el verdadero homenaje. Una base común, pero distintas melodías: terrenos congelados por sintetizadores, bosques con olor a jazz, un ajedrez viviente con alma de blues… Una buena barra libre de géneros una vez esté todo desbloqueado. Y encajan a la perfección con esa estética pixel, el componente nostálgico adecuado para adentrarnos en esta caja musical. Los colores vivos anulan la frialdad propia de los calabozos y los convierte en un lugar acogedor y familiar. Pero, si lo que buscas es un poco más de marcha para aumentar la puntuación, acuérdate de atacar con el compás adecuado y sin parar de moverte; entonces el suelo pasará a ser la pista de Fiebre del sábado noche y a ti ya te gustaría ser John Travolta.

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Scott Pilgrim no dudó ni un instante a la hora de enchufar el bajo para combatir contra los gemelos Katayanagi. Si tienes una alfombra de DDR, conéctala sin miedo. Ante las puertas de los bosses te temblarán los pies, pero superarlos será aún más satisfactorio y un duelo de baile en condiciones. Y si necesitas descansar, llama al resto de la banda. El cooperativo puede llegar a ser tan desquiciante como divertido, todo un reto coordinar movimientos y aprender a sobrevivir en equipo.

Como veis, lo tiene todo para encariñarte con él (lo siento, Avernum), o al menos, para concederle algún que otro baile. No pierdas la oportunidad de sentirte como aquella Connelly quinceañera que debía recorrer en 13 horas un laberinto lleno de seres fantásticos. Pues existe la opción de configurar la música que te plazca para los distintos niveles, ya sea de Bowie o de los muñecos que le acompañan.

Realmente todo este artículo ha sido una mera excusa para lanzar un llamamiento a los eventos videojueguiles: un par de dance pads en condiciones y Crypt of the NecroDancer en pantalla grande. De nada.

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