Dietario de un videojuegador en Madrid (I)

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1-
He vuelto a Madrid para empezar mi último año en la Universidad. Después de dos meses en casa de mis padres, la independencia es un vacio enorme. La casa es pequeña y oscura y, hasta que llegue mi compañera de piso, estaré solo. Casi. Al llegar, lo primero que he notado ha sido una reducción de mi espacio vital. ¿Qué era aquello? Un objeto negro, grande, enorme, de estrañas curvas y hendiduras. Ah, ya. Era una Playstation 3. Me arriesgaría a decir que es el primer modelo. Aquel en el que Sony tenía que poner hielo seco para que no recalentase y explotase. Espero que no explote.

De momento nos llevamos bien. Tengo que hacer extraños movimientos para esquivarla cada vez que quiero sentarme en el sofá, agacharme a por algo bajo la televisión o, simplemente, salir de casa. El salón se encuentra entre la puerta de entrada y el resto de la casa y ella preside el salón. Es poco menos que un OVNI y poco más que un transbordador. Me perturba mirarla y mi Xbox 360, que ya me parecía grande cuando la conseguí meter en casa, se siente pequeña. Le achica el animo.

Tiene un mando que no pesa nada, debe estar vacio por dentro, y es feo. De principios de siglo. Del XXI, se entiende. La convivencia se resume en eso. Tu intentas comprar la consola más cuca del mercado y un día te encuentras con el King Kong de las consolas. De momento va a pagar parte del alquiler proporcionalmente a la masa que ocupa.

2-
Este verano en casa de mis padres he descubierto la joya de la corona en cuanto a juegos híbridos: Borderlands. En un primer acercamiento, Borderlands me parecía lento y superficial. Cuarenta horas después, me he enamorado de él. Es la perfección. Sus elementos de aventura, shooter, rol y acción están perfectamente equilibrados. No le sobra nada y tampoco tiene necesidades.

El verdadero aliciente es jugar en cooperativo, a pantalla partida, mano a mano con mi hermana, la cual hasta este verano el juego más jarcor que había jugado era el Modern Warfare de la Wii en partidas online. Y me fascina porque su curva de aprendizaje es lo que hace al juego tremendamente accesible. En un primer momento, los revolveres me parecían una inutilidad. Pero cuanto más avanzaba, más me daba cuenta de lo importante que es la variedad que llevas encima, cómo cada una afecta a cada tipo de enemigo.

Por no hablar de lo divertido que es la estrategia y el juego entre dos. Planear ataques a campamentos, cargarse a un jefe con cierta táctica que luego acaba siendo un salvese-quien-pueda de lanzar granadas y disparar a lo loco o tan solo hacerse putaditas uno a otro. La narrativa emergente, que le llaman. Eso que luego te permite contar anecdotas graciosas a tus amigos y que ellos te cuenten las suyas.

3-

También he jugado mucho al Smash Bros Brawl, aunque ahí no hay ninguna novedad. Lo compré el día que salió y desde entonces no he dejado de jugar con él. Es un juego necesario para entender que es esto de los videojuegos. Muchos se reíran de su historia innecesaria o de que puede acabar siendo repetitivo (si eres un triste, claro), pero me parece un ejemplo perfecto de hasta donde puede llegar la interacción entre jugadores y la maquina.

He descubierto, a estas alturas, que hay un personaje imposible. Quizá, y Nintendo es muy lista, sea el personaje que te cojes si vas totalmente sobrado y quieres darle palizas a tus amigos que son unos mierdas: Jigglypuff. Su presencia en el juego es un misterio para mi, pese a todo. Y lo digo porque, con doce personas en mi casa, tuvimos que hacer un gran torneo con personajes aleatorios. Parece ser que a la maquin ale encanta Jigglypuff.

No comprendo a Jigglypuff. He aguantado brevemente con el personaje, pero no hay un ataque devastador definitivo y su Smash Final es hincharase para… deshincharse. Me parece que ahí radica el interes que sigo profesando por el juego: sigue habiendo situaciones que no me he planteado y que aun son un reto para mi. Ganar con Jigglypuff a una docena de personas, por ejemplo.

4-

Nintendo anuncia la 2DS de la noche a la mañana y la gente se lleva las mano a la cabeza. He visto a muchos accionistas de Nintendo preocupados por twitter, mucha gente que está obligada a comprar las nuevas consolas que salen al mercado quejandose porque es una mierda, otros también se quejan porque Nintendo tiene secuestrada a su familia y si no compran la 2DS matarán hasta al gato.

No, no es así, solo es gente que cada vez que sucede algo que no se esperaban, tienen que soltar un maldición en alto sin reflexionar mucho (¡Hola Ben Affleck!). Me acababa de levantar de la siesta cuando vi la 2DS. Era fea. El negro y el azul no pegan. Luego me entero de que es grande, robusta, dura como un Nokia viejo y sale el mismo día que los nuevos Pokemon. No problemo. Es una consola para crios, al igual que el nuevo petit suise para que los niños no se manchen al comer (best idea ever para padres de mierda).

Quizá WiiU fue un gran bache en el camino de Nintendo, pero los tipos no son tontos en las consolas portatiles (llevan siendo los líderes desde hace dos decadas) y saben cómo se las gastan. Repasemos: Game Boy, Game Boy Color, Game Boy Advanced, Game Boy SP, Game Boy Micro, Nintendo DS, Nintendo DS Lite, Nintendo 3DS, Nintendo 3DS XL y ahora Nintendo 2DS. Y quizá me deje un par por el camino. De todas ellas, solo veo una consola que, analizándola friamente, es un desastre. Empieza por Game y acaba por Boy Advance. Pero gracias a ella tuvimos la SP, así que perfecto.

Habrá que ver si se vende como churros en cuanto salga, si hasta navidades no habrá un gran empujón o acaba siendo un fracaso.

3 Comentarios

  1. Que hayas descubierto Borderlands a estas alturas es un “Más vale tarde que nunca” perfecto.

    PD: Cuidado con el mando de la PS3, que es mío.

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