El minijuego o la paja buena

1997
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Smackdown vs Raw

Me gusta mucho la lucha libre. Pero la de mentira. La que se ve en MarcaTV por las mañanas todos los días. Smackdown y RAW, que son los dos programas que se emiten. Tipos en bañador pegándose muy falso. A veces tienen sus charlas encima del ring (el ring como escenario diplomático, tiene traca la metáfora),  pero siempre acaban pegándose, de alguna forma u otra. El golpe puede venir del lugar menos esperado. Hay escaleras, mesas y mazos debajo del cuadrilátero. Es lo mejor que puedes ver esos días que te levantas tarde, que ya es mediodía y tienes las neuronas fritas por el verano. Un café y hostias.

En general, la gente tiende a echarte en cara que es falso. Como si eso les indignase mucho: “es que no se pegan de verdad”. Aparte de que esta aseveración es relativa, yo siempre respondo lo mismo: “el porno también es falso y bien que te excitas con él”. Sin embargo, nos gusta tanto lo uno como lo otro por un motivo muy simple: es directo, es fácil, no te exige nada.

Así que me puse a pensar qué sería porno en los videojuegos. Recientemente he comprado para la Wii el Smackdown vs Raw 2009, que es un divertimento puro. No comprendo como cada año se compran tantos FIFAS y tan pocos Smackdowns…  Sin embargo, lo que podría parecer en un principio simple se convierte en un juego con bastantes matices: aparte de las reglas propias del deporte dependiendo del combate, tenemos varias combinaciones de botones, dependiendo de la dirección y el botón en sí. Cada personaje tiene sus movimientos, su velocidad, su resistencia y su fuerza. Tiene su estrategia, su habilidad (como en cualquier juego de lucha que se precie) y, por supuesto, cierto factor suerte.

onechanbara

Al contrario de lo que piensa uno, el videojuego porno se halla en otro lugar que también he visitado hace poco: Onechanbara Bikini Zombie Slayer. La saga (ya tiene 7 juegos, tanto para Playstation 2 como para móviles, Xbox 360 y Wii) fue creada por Tamsoft bajo la colección Simple 2000 series: juegos sencillos por 2000 yenes (unos 20 euros). Quizá se deba a esto su mecánica repetitiva, sus gráficos pobres y, claro que sí, sus protagonistas faltas de ropa e hipersexualizadas.

Y aun pese a todos sus defectos, engancha como ninguno. Por lo simple y lo directo. Por lo pornográfico de su mecánica, que no, aunque también, de  sus chicas. No hace falta plantear estrategias o pensar cuál será el siguiente movimiento. Tan solo se menea el mando una y otra vez hasta que no queden zombies o te quedes sin vida. Es tan falso como la lucha libre o el porno. Y por eso es genial.

Así entroncamos directamente a los minijuegos. Internet está repleto de ellos. Son pequeñas hormigas que construyen hormigueros enormes como Kongregate o New Ground. Y se puede encontrar de todo. Son como una página porno. ¿Qué tu fetiche es defender la torre? Lo tienes. ¿Qué te van las plataformas? Ahí están.

Se podría decir que no son videojuegos realmente. Que son sus hermanos pequeños o primos lejanos. Como aquel que piensa que un corto es una versión reducida y menos compleja de una película. O que un cómic es más simple que una novela porque tiene dibujos. Nada más lejos de la realidad.

Canabalt

Lo cierto es que todos, en mayor o menor medida, acabamos hartándonos de explorar mazmorras o pegar tiros para llegar a un final, cosa que nos puede llevar horas. Como tener novia. Tienes que cortejarla, llevarla a cenar, al cine, tratarla bien y comprarle cosas si quieres tu premio final. Tu satisfacción.

Los minijuegos son todo lo contrario (los buenos, claro). Son a los videojuegos lo que el porno al cine. Podríamos suponer que el porno es fácil, sencillo  o simple, tal y como aparenta tanto este como los juegos. Otra vez, suponemos mal.

En realidad, son el atajo. El premio final no es el final en sí, sino el jugar. Todos conocemos la anécdota del primer Metroid: si cumplías ciertos requisitos, al final Samus se quitaba la armadura y descubrías que era una mujer. Samus se desnudaba, porque la habías cortejado y llevado al cine y a cenar y te habías portado bien. Te daban un premio por haber jugado mucho.

Pero hoy en día han cambiado las tornas. Con la explosión de los smartphones, que se comen alarmantemente el mercado de las consolas portátiles, vemos como todo el mundo juega, en mayor o menor medida. Angry Birds solo es la punta de lanza junto con Plants vs Zombies, por nombrar dos juegos de los más conocidos.

El minijuego  es esa pequeña pieza de artesanía que esta medida para que dure lo justo. Actúa directamente en una parte del cerebro que te entretiene y te divierte. Es como el porno. O mejor dicho: como una paja bien hecha. Los minijuegos, ese mundo infravalorado que tanto nos ha manchado las manos.

Metroid

3 Comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: El minijuego dispara directamente a ese punto en tu cerebro que te pide entretenimiento y diversión sin mucho coste. Como el porno….

  2. Pegajoso, blanquecino y tan cierto que asusta. Soy usuario de Kongregate desde que abrió y nunca he dejado de visitarla periódicamente, para hacerme una buena ‘camiseta’ con algunos juegazos en Flash que quitan el hipo (algo de lo que algún día hablaré yo también, qué carajo).

    Ya que hablamos del tema, habría que hablar sobre los juegos de verdad y los de mentira. Los que artificialmente ponen trabas para relacionarte con tus no-amigos de forma que puedas tener forma de seguir jugando. Hola SimCity Social.

  3. Una comparación tan inusual como cierta. Siempre me han gustado mucho los Smackdown y es precisamente por lo divertidos que son, aunque fallen técnicamente y demás como suelen decir. Con los minijuegos tengo cierto amor odio, siendo el amor el que suele ganar la batalla.

    Gran artículo Kyuni, si señor.

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