Gamer en los 90

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Gamer de los 90

El que uno de tus hobbies sean los videojuegos es, hoy en día, algo aceptable. De acuerdo, no vas a ser el tío mas molón de tu grupo y probablemente tu colega motero y deportista siga ligando más que tú, aunque tú puedas alardear de que eres uno de los 50 mejores jugadores de MW2 en España y de que tu Clan, los HijosdeRambo, compite a nivel mundial (aunque te sigan machacando los hijosp*** de los coreanos). Pero al menos cuando se lo digas a una chica que te presenten una noche, tienes alguna posibilidad de que 1) ella sea jugadora y la impresiones ligeramente, con lo que, si consigues que se emborrache, tus perspectivas de futuro esa noche mejoran ostensiblemente o 2) aunque ella no juegue, tampoco le asuste demasiado que una de tus pasiones sea pasar las tardes disparando a pequeños pixeles animados en un monitor y que, por tanto, no ponga cara de susto y empiece a hacer el moonwalker para alejarse de ti sin que te des cuenta.

Incluso los carcas de tus padres, que preferirían que estuvieses por ahí buscando trabajo, o al menos otra casa en la que poder meterte para dejarles disfrutar su jubilación, no se van a quejar de tu afición a los videojuegos porque les parezca una cosa rara, sino porque te convierte en un mueble más de la vivienda, y, al contrario que con el sillón de orejas del abuelo, no pueden dejarte en un punto limpio a la espera de que te recoja algún trapero o una pareja de okupas que te den un nuevo hogar.

Hasta Penny, la chica guapa y nada geek de la Teoría del Big Bang, cuyo papel es representar a la persona “de la calle” en comparación con Sheldon & Co., juega razonablemente bien a Halo e incluso llega a engancharse a un MMORPG… aunque, no, siento decirte que no creo que conozcas a ninguna Penny a la que puedas impresionar con tus habilidades con el joypad.

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Pero no siempre fue así. Para aquellos de vosotros que llegásteis al mundo de los videojuegos a partir del año 2000, todo ha sido miel sobre hojuelas (u ojetes, como se diga), ya que ninguno os habéis visto como los extraños o los outsiders o la ficha amarilla simplemente por vuestra afición a, como decía mi padre, “las maquinitas”… y eso es porque no fuisteis gamers en los 90.

Lo primero, aclarar que a efectos de este artículo, el tener una SNES o una Megadrive o una Gameboy  en los 90 no te hacía “gamer”. Es más, podías ser molón y tener una videoconsola; pero el jugador de PC o de Mac, el verdadero gamer de los diskettes de 3 1/2… ese era otra historia. No era necesario ser superfan, o un adicto… No, no, en aquella época, sobre todo a principios y mediados de los 90, hablar abiertamente de juegos de PC, leer Micromanía o simplemente saber que Ron Gilbert era la mente detrás de Monkey Island te colocaba firmemente en la mente de la mayoría de la gente en la categoría de friki… Es más, ni eso siquiera, ya que la palabra friki no existía, así que te quedabas en raro. Además, hay que reconocer que no ayudaba mucho el que la mayoría de los jugadores de PC fuesen también aficionados a la literatura fantástica, a los juegos de rol, a los comics, al manga (cuando ser aficionado al manga no implicaba tener que disfrazarse como un zorro y montar a otro tío disfrazado de gato o salir a la calle vestido como el estilista de Tokyo Hotel) o a otras aficiones poco comunes y que te convertían a ojos de la gente en, a) un depravado a punto de cometer algún tipo de acto psicópata (como se reflejaba en los comics/mangas/libros que leías) o b) un débil mental, metido en una secta satánica que adoraba a seres demoniacos o a un tal Cthulhu, que era una especie de calamar gigante (según mis padres).

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Hasta que el PC se convirtió en una plataforma puntera y popular, gracias a los FPS tipo Quake y Duke Nukem, y a las primeras posibilidades de partidas multijugador por LAN, la mayoría de los juegos que habían triunfado habían sido aventuras gráficas y juegos de rol tradicionales (que quede claro que no puedo considerar los JRPG como verdaderos juegos de rol… y como yo escribo este artículo pues eso), y por tanto, el consumidor medio de juegos de PC hasta mediados de los 90 fue el mismo tío de camiseta negra (preferiblemente de MANOWAR con un guerrero musculoso y un demonio impresos) que compraba los libros de la Dragonlance, y pasaba las tardes matando orcos con 1d20, o sea gente como mis colegas y yo.

Nuestra afición a matar wyverns en el ordenador o a juntar el chicle con el globo y el imán para hacer una brújula voladora era otro pecadillo mas a mantener un poco en secreto, y que solo salía a relucir cuando nos juntábamos con gente de gustos similares y podíamos preguntar abiertamente como derrotar al ArchiMago Final o resolver el puzzle del Maestro de la Espada… Porque, sinceramente, si querías ligar y sobretodo, evitarte alguna colleja en el colegio no compensaba ser un gamer de los 90.

9 Comentarios

  1. Quizá sea por que soy de la ultima hornada salvable de los 90 o por que siempre estuve rodeado de gamers, pero la verdad aun no habiendo disfrutado fuertemente de la oleada gamer de los 90, hoy en día se de esos que prefieren algo retro que algo de hoy.

    Siempre diré que tanto como gamer, como amante de la música y bailarín nací algo tarde.

  2. Yo fui un gamer en los 90. Empecé “tarde”, aunque hoy en día es un término relativo. Empecé con Trivial Pursuit (http://www.youtube.com/watch?v=USJaPKPENf4), más tarde a Sokoban (http://www.youtube.com/watch?v=i_WmVBwEE4U) y a Prince of Persia (genialísimo). En verdad, y de forma natural, las consolas las toqué intermitentemente, siendo los ordenadores el medio en el que mejor me movía. Hay una infinidad de juegos que me he pasado, juegos a los que molaba jugar y a los que molaba ver jugar o ayudar (grandes Ultima, grandes Might & Magic).

    En los 90 aprendí a valorar los videojuegos y a respetarlos. Sin duda es una época en la que tanto jugadores como programadores y desarrolladores respetabamos mucho más el medio, y hacíamos lo que fuera por pasarlo bien. Hoy en día, los videojuegos son un entretenimiento que apela a mayores audiencias, y el encanto de los 90 se perdió en algún punto que no consigo recordar.

    No hagáis caso de estas frases sin sentido. Genial artículo, sin duda.

  3. Genial este artículo, me ha tenido con una sonrisa todo el rato. En mi caso fue bastante chungo porque además de ser gamer era una chica. Más raro aún. Mientras mis compañeras jugaban a darse besos y a maquillarse yo soñaba con Might & Magic, quería ser una aventurera como Lara Croft y jugaba en LAN a Quake mientras le hacía tarjetas del día del padre a mi progenitor con escenas de Blood.
    El encanto de jugar un 2D o un abandonware (de los que soy una verdadera fan) está patente por la de recuerdos que me evoca y porque antes, como sucede en el mundo otaku, jugar a videojuegos era algo que se hacía con mucho más respeto que ahora, sin ser tan arrastrado por amigos o presumir de ello por ahí. No era una forma más de meterse en un grupo social que llamamos “friki”. Antes, el que era “friki” (o raro, como bien dice el artículo) era porque de verdad lo vivía y era un gamer o un “raro” real, no un viciado ni un moderno.
    Sin más, ahora mismo me estoy pasando el primer Simon The Sorcerer (de los que iban en disquettes de 3 y 1/2, sí), y lo estoy disfrutando tanto como cuando tenía 6 años.

    PD. Toma parrafada, pero es que el artículo me ha llegado XD

  4. En mi caso, aunque ya jugara en los 90 (pero a la snes, no en el pc, por aquel entonces algo demasiado caro para mi) nunca me relacioné con el término “gamer” simplemente jugaba. Pero es curioso como se evoluciona casi sin darte cuenta, y echando la vista atrás puedes ver como aquel pequeño retaco que jugaba al mario bros es ahora un amante y un conocedor de todo aquello que rodea a su antigua maquina gris.

  5. Muy bueno el artículo, pero yo, soy de Vistalegre, Murcia y nací en 1980, y aquí todo el mundo se mataba por entrar a casa del vecino a jugar al spectrum, amstrad, nintendo, master sytem, game and watch, atari, 386,o cualquier cosa que implicara ,con nuestra potentente imaginación trabajada desde la inventiva del juego callejero infantil (literalmente pasábamos más tiempo en la calle que los árboles por culpa de nuestros progenitores que solo pensaban en foshar), entrar en el mundo mágico de la TV, hasta tal punto que se generó un contrabando de juegos de límites similares al tráfico de estupefacientes. Las estánterías de galerias, pryca y corteingles se vaciaban por causa de ladrones “puncarras macarras” adolescentes alegres y felices de guante negro; seres musculados que pasaban en el día jugando al futbol, al beisbol (con palos de madera y pelotas de tenis) escalando pisos cual donkey kong y haciendo cabras con la vespino de su padre en la huerta, foshando murcianas reveldes de pantalones ajustados y leotardos rasgados, cazando culebras y sapos en la acequia, fanáticos de vandan, stalone, shuarzeneger, mike tyson y acdc que con o sin camiseta (alguno he visto en calzoncillos) se pasaban obligatoriamente por casi todos los salones recreativos del barrio sacando créditos con el piticli (mecheros de cocina trucados) y dando palizas a los huérfanos de santo angel para poder bañarse en su piscina. Así que aquí lo único que estaba mal visto era no ser un hijo puta, de hecho ser un viciao “gamer” te daba re-puta-ción. Que conste que yo era de los que se portaban bien, porque era más casero de lo normal, vamos, como los callejeros de ahora XD; aunque reconozco que esta gente, que eran el 90 % de los niños del barrio me hacía gracia,era como ver un documental de gorilas. Y si, me llamaban mariquita cabezón por no robar, ni trucar maquinas,que pasa, me gustan las mujeres más que el pan y el cabezón con el tiempo tuvo razón.

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