Soy comprador habitual de videojuegos en formato digital, entre una plataforma y otra tendré casi 60 juegos en algo menos de dos años. Me he dejado muchísima pasta en juegos que no puedo tocar, palpar. Juegos que, normalmente, no puedo dejar a un amigo o que necesitan de un sistema que haga de “lanzador” para poder utilizarlos. Y, hoy por hoy, pienso que el futuro de los videojuegos en formato digital pinta más negro que blanco.

Desde que Steam llegara hace unos buenos años, el mundo del videojuego comenzó a cambiar. Los juegos en formato digital dejaron de ser una opción imposible que nadie iba a querer para pasar a ser el futuro de la industria, hacia dónde se están dirigiendo todos los esfuerzos de las compañías.

No solo ya por los DLCs, cuya función, utilidad y coste dan para otro artículo por sí solos, sino por la comercialización de juegos al completo en un formato compuesto únicamente por bits de información que no podemos palpar, ni poner en nuestra estantería ni, como nos descuidemos, guardar para la posteridad.

Y comenzó la revolución

En sí, el tener un juego en formato digital no tiene nada de malo. Al contrario, es probablemente lo mejor que le ha pasado al mundo del videojuego desde la salida de las consolas de sobremesa. Han conseguido algo que hasta hace no mucho se consideraba imposible: el que equipos con medios muy escasos y de tamaño muy reducido puedan dedicarse al mundo del videojuego. Como en los primeros tiempos del mundo del videojuego, una vuelta a las raíces en toda regla.

Esto, por supuesto, es maravilloso. No solo eso, está suponiendo una revolución en sí misma. El boom de los juegos indie (los hay que lo tildan de burbuja y algo de razón tienen) ha supuesto la democratización del desarrollo de videojuegos. No se depende de intermediarios que vendan tu producto en las tiendas, puedes vender tú mismo tus propios productos a los usuarios.

De esta manera se eliminan las barreras que aumentan el precio de un producto, como las distribuidoras o las tiendas físicas. Y no solo eso, sino que así se asegura la independencia de los estudios, que no tienen que rendir cuentas a ninguna productora, por lo que su futuro no está en manos de nadie.

Esto, amigos, es algo increíble, maravilloso, un futuro que, a priori, pinta muy bien para el jugador, ya que podremos comprar los juegos que nos gustan directamente a los desarrolladores.

Pero en el este de Oz hay una malvada bruja…

No hay luz sin sombra, y esta es desproporcionadamente grande. Y lo es por culpa de plataformas como Origin o, sí, Steam. Ahora trataré de explicar las razones por las cuales considero que, tal y como funcionan estos sistemas actualmente, hacen tanto daño como ayudan a los videojugadores.

En primer lugar es la necesidad de que necesites de un programa para lanzar tus juegos. Vamos a ver, te gastas tu buen dinero en un juego, te lo descargas y… ¿necesitas luego estar con un programa de terceros para poder lanzarlo y jugarlo? Lo siento, pero eso es algo que no puedo aguantar.

Eso es algo que los jugadores no deberíamos tolerar. Una cosa es una red social que te permita lanzar tus juegos de manera opcional, algo así como ya hace Steam con lo de agregar juegos a tu biblioteca. Pero esa obligatoriedad la veo muy, muy chunga.

Pero lo peor no es esto, lo peor es cuando te compras un juego en físico y te obligan a instalar uno de estos sistemas. A ver, me he gastado mi pasta en un juego en físico, ¿para qué coño queréis hacerme pasar por un sistema de seguridad? Como bien han dicho una y mil veces la gente de CD Projekt/GOG, los DRM no evitan la piratería, solo perjudican al que compra los juegos de manera legítima.

Y por no hablar de los peligros que entraña tal sistema. ¿Y si las empresas que gestionan dichos entornos quiebran? ¿A tomar por culo nuestros juegos? Valve, al menos, dice que sus juegos los liberará. Pero, no se vosotros, de mi catálogo tengo más de 50 juegos que no son de Valve. ¿Tengo que resignarme a que desaparezcan dentro de unos años? Me temo que sí, lo cual me jode un cojón y parte del otro.

Porque con sistemas como estos se pierde algo que, en mi opinión, es extremadamente importante: la posesión del propio juego. Cuando compramos un juego en Steam o en Origin no estamos comprando ese juego, no, estamos comprando el derecho a utilizar esas plataformas para jugarlo. Y al párrafo anterior me remito, ninguno de nosotros tenemos la seguridad de que dentro de 10, 15, 20 años esos juegos vayan a estar ahí, esperándonos.

Muchos pensaréis “bueno, un CD/DVD con esos años a saber en qué estado está”. Sí, pero un CD/DVD puede copiarse, puede pasarse a formato digital y/o copiarlo otra vez en otro disco. Y, además, en principio estas dos plataformas deberían durar más de 50 años antes de degradarse. Tiempo más que suficiente para copiar los datos que necesites a otro soporte más duradero.

También varios de vosotros estaréis pensando en las copias de seguridad que te permite hacer Steam. Vale, sí, muy bonitas y útiles, pero tenemos los mismos problemas que con la plataforma en sí: no sabemos si dentro de X años podremos activarlas siquiera.

Evidentemente, estas plataformas también tienen sus cosas buenas. Por ejemplo, SteamCloud, el servicio que te permite guardar tus partidas guardadas en la nube, para que jamás las pierdas pase lo que pase, es una de las ideas más geniales y útiles que he tenido la suerte de ver. Por no hablar de la gran ayuda que han sido para revitalizar el mercado del PC, sobre todo de cara a los juegos más pequeños que no tienen cabida en las consolas, ni siquiera en XBLA o PSN.

Por estas cosas buenas hay que dar gracias a estos sistemas por haber existido, pero no debemos dejar que se conviertan en el único medio de acceder a los videojuegos en formato digital. No deben hacerlo y en nuestra mano está la llave para que eso no ocurra.

 Y, pese a todo, todavía hay monstruos más grandes acechando en la oscuridad

Pero hay cosas que me duelen más todavía incluso que Steam u Origin. Estas plataformas, de momento, no te están obligando a estar permanentemente conectado a Internet para jugar, tienen un modo off-line que te permite jugar tranquilamente sin necesidad de Internet (de momento, porque Steam tuvo una intentona de obligar a estar conectado a Internet este verano, pero las protestas masivas provocó que recularan). El gran problema es cuando hay DRMs que te obligan a estar perennemente conectado a Internet. No ya para mear y no echar gota, sino para cagarse en su puta madre.

De esto ya hablaré en otro artículo (que dedicaré íntegramente a los DRM, de todas las clases y colores que se me ocurran), que no quiero alargar más estas palabrejas mal juntadas.

En definitiva, que Steam mola, pero que tiene ciertas desventajas que no me gustan nada. Y que, pijo, si hay alternativa en físico (sin DRM si es posible) o en alguna otra web que no te obligue a instalar software propietario, pues pasad de Steam y comprad ahí sin dudar.