El fútbol es un chiste

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Cristiano Ronaldo es campeón olímpico de triatlón: primero corre, luego una bicicleta y al final nada. Los jugadores de fútbol por lo general tienen motes ridículos. He descubierto hace poco que el Atlético de Madrid tiene un jugador llamado Cebolla Rodríguez. El caso es que el fútbol, visto desde lejos, es bastante irrisorio. Pero se le dota de una importancia capital. Se discute sobre él, la gente se reúne en los bares y se grita, se le dedica tiempo crucial en las parrillas de televisión. Celebran títulos y crucifican a personas que no conocen de nada.

Nunca entenderé la pasión por el fútbol y sus derivados. Ni cómo se puede perder tanto tiempo, dinero y esfuerzo en un deporte tan frívolo. Sin embargo, desde que soy pequeño juego a juegos de fútbol para todas las plataformas imaginables. De PS1 a maquinas árcades en bares hasta 3DS y su homónimo que se la está comiendo: los smartphones. Gracias a que todo el mundo en este país juega al Pro Evolution Soccer y al FIFA, los Games no han entrado en quiebra, al igual que en Gran Bretaña.

Cierto que los juegos de segunda mano juegan su papel, pero en el país más pirata de toda Europa, es sorprendente ver la cantidad de juegos de fútbol (de las dos grandes marcas) que se venden. Y se los sigue tomando igual de serios y transcendentales como al deporte real.

Por suerte, en 2002 llegó el mesías que nos traería la tan necesitada ironía: Red Card. El Red Card es un juego de fútbol para Game Cube, Xbox y PS2 donde los cabezazos, pisotones y entradas a la espinilla no es que estuviesen a la orden del día, es que eran la única forma de ganarle al adversario.

Red Card es el chiste, la parodia perfecta ante esos jugadores tan estirados, esos regates tan estilizados y los tiros a puerta perfectamente milimetrados. No hace falta saber jugar. Le pasa lo que sucede con los grandes juegos: el reto no está en el control, sino en el uso que le des. Igual que un novato con un Kirby puede alzarse victorioso en el Smash Bros Brawl, un loco aporrea botones incansable con suerte puede ganarle al más experto jugador.

Porque el azar juega un papel determinante. Aunque estés medio partido lanzando a puerta, el portero, impertérrito, te parará el balón una y otra vez. Pero con que tu adversario tenga un poco de suerte, un directo desde el medio del campo puede acabar en gol. Lo mismo pasa con las faltas. En un juego donde el cabezazo es la moneda de cambio, el árbitro decide sacar una tarjeta amarilla por una entrada leve y pitar penalti.

Los errores del juego, que son muchos y variados, ayudan a completar la atmosfera de parodia definitiva del deporte rey. Si bien hay muchos juegos árcade sobre fútbol y otros tantos que intentar ir de eso pero van de otra cosa (no te estoy mirando a ti, Mario Strikers Charged), ninguno ha pretendido ser lo que es este. El bicho raro de la clase que, marginado, se construye una personalidad a partir de sus granos y su aparato dental.

Ahí tenemos a equipos como los delfines, los SWAT, los monos o los marcianos, mezclados con equipos tan serios como la selección (porque solo puedes escoger selecciones, que no hay dinero para pagar licencias de equipos) de España, Argentina o China. Y los lugares donde jugar, campos japoneses ignotos y lugares subacuáticos.

Pero precisamente por eso hay que amarlo. Su portada ya es toda una declaración de intenciones. Quiéreme porque no te daré hijos ni te enorgullecerás de mí, pero oye, que bien nos lo vamos a pasar.

Lo peor es que al día siguiente te levantarás y te preguntarás, con la cabeza como un bombo por la resaca, qué ha pasado. Y lo verás ahí, dentro de tu consola, agazapado, observando. Esperando el momento oportuno para volver a ser jugado. Porque lo necesitamos. Que el fútbol es una cosa demasiado seria como para andar con tonterías.

1 Comentario

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: El fútbol es una cosa muy seria con gente que se pelea muy fuerte con él. Menos mal que tenemos el Red Card para desahogarnos….

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