Morrowind

Horas y horas y horas mirando esta pantalla...y pidiendo más

Hubo un tiempo en el que juntar 40 euros para poder alimentar el mono era todo un hito. Había que hacer cuentas, ratear alguna copa a un amigo, escaquearse de pagar el botellón y poco a poco, ir juntando el dinero necesario para plantarse en la tienda más cercana y poder comprar el último título ansiado. Luego, al llegar a casa, uno quitaba reverencialmente el plástico de la caja, (aunque en mi caso la reverencia implicaba morder como un mapache con rabia hasta conseguir abrir el maldito envoltorio), insertar el CD e instalar tu nuevo juego, olvidadas ya las semanas de de privaciones y de mangarle la vuelta de la compra a tus padres.

Después de una hora, ya sabías si habías comprado una obra maestra, un juego normal o una bazofia…pero daba igual, porque después del esfuerzo que te había supuesto, estabas totalmente concienciado para exprimir las más de 20 horas de juego e infinita rejugabilidad que te prometía el envoltorio en enormes letras doradas, aunque fuesen 20 horas del equivalente a padecer almorranas mentales, sufriendo en silencio gráficos obsoletos, enemigos sin ningún tipo de inteligencia, escenarios repetitivos o mecanismos de juego ya vistos y copiados en otros 100 títulos. La compra te había exigido sudor, lágrimas, sangre y cualquier otro líquido corporal que hubieses sido capaz de vender o intercambiar, así que ibas a consumir todo el entretenimiento, por malo que fuese, que habías pagado.       

Pero eso, como tantas otras cosas, pasó.

Por un lado, una de las pocas ventajas de cumplir años, aparte de poder escaquearte de hacer ejercicio físico alegando diferentes achaques y de que para ligar ya no importa tanto tener barriguita, es que, si eres un tipo suertudo como yo, curras y cobras. Por tanto, los 40 euros que te gastas en ser un yonki electrónico no te suponen tanto como antes, e incluso lo haces con un cierto joie de vivre, recordando lo mucho que te costaba cuando eras un ser triste sin nómina, ó con nómina escasísima a base de preguntar “¿Quiere patatas con su menú?” y curros similares.

Ofertas de verano Steam

Demasiado débil para tanta oferta

Por otro, la distribución por Internet con servicios como Steam, Origin, GOG, y un largo etcétera, ha permitido que, cual maruja consumista, puedas entrar todos los días en tus tiendas favoritas desde la comodidad de tu sillón y tus calzoncillos, sin pantalones ni ná, para bichear, mirar y remirar todas las novedades y juegos deseados, siendo asaltado cada dos o tres semanas por una nueva campaña estacional, ya sea “LOCURA VERANIEGA”, o “CARNAVAL OTOÑAL” u “ORGÍA PRIMAVERAL” o incluso “DA IGUAL LA RAZÓN, AQUÍ TIENES OFERTAS, ¡¡COMPRA, PERRO CONSUMISTA!!”.

Al final, cual gordo hambriento encerrado en una fábrica de ibéricos, uno acaba sucumbiendo y metiendo la cabeza hasta el fondo de la barrica de manteca de cerdo para atiborrarse, o lo que es lo mismo, abriendo el Paypal y comprando juegos de tres en tres para añadirlos a una colección cada vez más grande, y variopinta.

¿Y sabéis lo peor? Que algunos de esos juegos no llegan nunca ni a ser descargados. Para cuando uno se propone jugarlos, el bulímico del videojuego que llevamos dentro ya se ha dado otro atracón, y te encuentras con otros tres o cuatro juegos en tu colección…leche, ¡pero si mientras escribía este artículo, yo mismo me he comprado Metal Brigade Tactics, y eso que no lo conocía!

Pendientes desde hace meses quedan las dos últimas misiones de Dragon Age 2, y Mass Effect 3; mi general japonés está a punto de hacerse Shogun de todo el Imperio Nipón, aguardando mi dirección para el último asedio; Geralt de Rivia tiene a todos los monstruos contra las cuerdas y a todas las mujeres en sus cartas… pero sus aventuras siguen paradas, mientras yo, cual viejecito diogenésico, acumulo juegos en mi disco duro, y los condeno al olvido, sin poder dedicarles aquella atención exclusiva y a veces casi enfermiza, que me provocaban aquellos títulos por los que me esforzaba semanas, mientras soñaba lo que descubriría en ellos…mis pequeños tesssorosss perdidos, como diría cierto hobbit.