Sleeping Dogs: Hostias como panes

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Sleeping Dogs

El modelo puro de Sandbox (¡el Sandbox puro!), el modelo GTA, es un prototipo estancado. Con cada nueva entrega se pulían defectos, se añadían funciones, más líneas de diálogo, mejoras gráficas, físicas y cuánticas. Pero, realmente, nunca se pudo hablar de una evolución del género en sí mismo. Todo eran tiros y (muchas) misiones de conducción. Y ya. C’est fini.

Sleeping Dogs añade a esa fórmula algo que lo caracteriza y que, por tanto, lo distingue del resto: las hostias como panes. En el título de Square Enix lo que priman son los combates contra múltiples enemigos, tanto que rara es la misión que no tiene de esto. La mecánica de los mismos es casi un calco a la mostrada por Batman: Arkham Asylum. De momento vamos bien.

Sleeping Dogs ama las hostias

Por otro lado, también quita algo que caracterizaba a los Sandbox anteriores: los tiros constantes. Las fases de disparos están contadísimas, de hecho, no hay tiendas para comprar armas (sí que hay puestos de fideos, crujiente pato a la pekinesa y cantidad de tiendas de ropa). Lo mejor es que esto está incluso justificado a nivel de ambientación: en una de las misiones uno de los personajes recrimina a otro que piense que las armas se encuentran por ahí tiradas. “Esto no es Estados Unidos”, le dice. Magnífico.

El juego supone además el triunfo de lo arcade por encima del realismo. No llega a las cotas que tan bien nos expone aquí el señor Kyuni, lo es en su justa medida. Las limitadas fases de disparos están basadas en el uso de la cámara lenta (no olvidemos que esto es True Crime 3 pero con otro nombre) y hay un botón en exclusiva para embestir con el coche cuando vamos conduciendo. Y por cierto, nunca viene mal recordar lo increíble que era True Crime (el original, el de Activision).

En lo que concierne a la historia y la ambientación, tocotó por los señores de Square Enix. Quiero pensar que si alguna vez voy a Hong Kong, será algo similar a lo que me ha mostrado Sleeping Dogs. Los puestos ambulantes, las luces de neón, las zonas de suburbios, puertos y barrios financieros. Mención aparte para la “Banda Sonora”, esto es, la radio del coche. Por primera vez un Sandbox demuestra originalidad en la selección de canciones y emisoras (si bien me sobran unas cuantas de electro-rap-chunda-chunda) sin limitarse a coger las canciones de los recopilatorios que vende El Corte Inglés. ¡Hay hasta una emisora de música típica china!

Sleeping Dogs fases conducción

 La historia también ayuda a hacer de Sleeping Dogs un producto de marca, alejado de lo genérico del resto de “juegos tipo GTA”. Atención porque esto es tremendamente importante: por primera vez un Sandbox no nos cuenta la historia de “Scarface” (“El precio de poder”). ¡Aleluya! Wei Shen, el protagonista, es un policía que se inflitra en las tríadas de Hong Kong y tiene como objetivo desarticularlas desde dentro. Aquí no somos un gangster que empieza desde abajo al que, a medida que asciende en su carrera criminal, se le suben el poder, el dinero y la coca a la cabeza. Bien, de nuevo, muy bien.

Eso sí, esta historia no está exenta de estereotipos. Hay una gran cantidad de situaciones que recordarán a películas o series de temática similar (la del poli infiltrado). Desde las sospechas del jefe mafioso y las frases con dobles sentidos al conflicto interior y la dualidad del policía infiltrado. En cualquier caso, una historia disfrutable, con momentos impactantes y, lo importante, divertida de jugar.

Sleeping Dogs policia infiltrado

 Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en Sleeping Dogs. Uno pensaría que, con todo esto, estaríamos cerca de tener el sandbox perfecto, una obra maestra. Pero las circunstancias son las que son: Sleeping Dogs estuvo a punto de ser cancelado, pasando por un desarrollo tortuoso y conflictivo. Y claro, esto se nota en el resultado final. Hay muchas ideas que no terminan de explotarse del todo, huecos narrativos y jugables, misiones secundarias que, llegado a un punto, resultan inservibles… En definitiva, ecos de lo que podría haber sido pero no.

En cualquier caso, esto no hace más que llenarme de gozo y alborozo, expectante de que llegue a ver la luz una segunda parte del juego. Si Sleeping Dogs, pese a resultar un juego incompleto por momentos, es un producto tan entretenido, divertido y gratificante, no me quiero imaginar lo que podrían hacer con tiempo y un desarrollo adecuado.

Compré Sleeping Dogs durante las ofertas de Steam y nunca llegué a jugarlo. Hace un mes lo regalaron con el Playstation Plus y decidí probarlo entonces. Aunque en un principio me tiré de los pelos (recordatorio, no hacerlo más, la calvicie amenazante me acojona sobremanera) ahora me alegro enormemente de haberlo comprado previamente. Espero que cada euro de ese juego para PC que jamás jugaré sirvan para hacer esa segunda parte que ahora tanto ansío.

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Papá me llevaba todas las semanas al cine y así he salido. Devoro cualquier cosa relacionada con la ciencia-ficción que se ponga por delante. Arduo defensor de leer en el autobús y de que los videojuegos tengan una buena historia. Me dedico a buscarle sentido a las películas y videojuegos que a priori no lo tienen.

3 Comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Análisis de Sleeping Dogs, un refrescante sandbox en el que dar hostias es muy importante. Ambientado en Hong Kong, secuela espiritual de True Crime….

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