Steamworks: cáncer del PC Gaming

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Gaben Steam Cancer

La mayoría de los peceros de por aquí utilizamos Steam, por no decir que el 100% de nosotros. Solemos acumular juegos en una suerte de diógenes digital, ya que muchas veces no hemos ni siquiera instalado la mitad de ellos. Y todo porque los vemos baratos en esas diabólicas ofertas y decimos “coño, es una buena oportunidad” y caemos en su malsana tentación.

Pero no, no vengo a hablar del diógenes digital, ni de ofertas ni de solo haber instalado apenas la mitad de lo comprado. No, vengo a hablar de la tocahuevez que es que, al comprar un juego en físico, tengas que registrarlo en Steam.

A ver, señores. Yo voy a una tienda X y me compro un juego, con su cajita y todo. O, si soy un poco más avispado, lo importo que me ahorro unos buenos euretes y, encima, suele venir con los textos en castellano como poco. O, pijo, le busco una traducción por ahí, que las hay fáciles de encontrar.

Pero no nos desviemos de la cuestión. Tengo el juego en mis manos, en todo su esplendor físico. No que contratado un servicio ni ninguna mierda de esas. No he comprado una tarjeta para utilizarlo en On-Live o Gaikai. No, he comprado un producto supuestamente completo y que, en teoría, puedo hacer lo que me apetezca con él. Puedo regalarlo, puedo jugarlo y luego dejárselo a un amigo o puedo fumármelo.

Pero no, según una nueva moda que cada vez tiene más presencia, ya no puedo hacer todo lo que quiera. Puedo regalarlo y puedo fumármelo, pero no puedo jugarlo y, cuando me lo termine, dejárselo a un amigo para que disfrute de él. O a un hermano, por ejemplo, que es la razón por la cual he comenzado este artículo.

Porque, coño, me acabo de comprar Bioshock Infinite para PC y, para mi sorpresa, viene con Steamworks. No con la posibilidad de canjear el juego en Steam, no, sino que es obligatorio utilizarlo para usarlo. Es un juego que pretendemos utilizar los dos, así que es una grandísima hijputez. ¿Pretenden que, viviendo bajo el mismo techo, tengamos dos copias del mismo juego? Para un juego on-line, vale, es entendible, pero para un juego que ni siquiera tiene multijugador es un insulto.

Este es el primer paso para que dejemos de ser propietarios de nuestros juegos y bienes digitales. De hecho, ya desde que la Unión Europea aprobase una ley que obligaba a las compañías a permitir el intercambio y venta de los bienes digitales (que, ya ves para lo que ha servido, para comernos los mocos) Valve viene preparando un cambio en su modelo de negocio: los juegos ya no son de los usuarios, sino que Steam es un servicio que no alquila el derecho a acceder a los mismos.

Esto, a la larga, es tan malo como los odiados sistemas de DRM que te obligan a estar siempre on-line, o como las ya desfasadas licencias (que, ahora que me acuerdo, el primer Bioshock las utilizaba), que tenían un límite de instalaciones a no ser que las fueras revocando (con el coñazo que suponía). Porque, una vez Steam desaparezca, tendremos una caja muy bonita con un disco inútil, ya que necesitas de Steam para su instalación.

Y, sí, que muchos diréis que habrá maneras de saltarse todo eso. Y es probable que, una vez Steam muera, se inventen formas de resucitar todos esos juegos que, aún teniendo los discos, no tenemos propiedad sobre ellos. Pero ahí no está el verdadero problema. Lo que de verdad es peligroso es que ha marcado tendencia, que ya la gente no se extraña de que un juego en físico te venga con una maldita clave para Steam, Origin o Uplay. Y que la gente lo acepta. Y así, poco a poco, seremos nosotros mismos los que hipotequemos el futuro de los juegos que compramos.

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